Cada recto, cruzado, gancho, o cualquier golpe lanzado por Ingrit Valencia en la semifinal del preolímpico de Buenos Aires contra la estadounidense Virginia Fuchs por un cupo en Río 2016, era sufrido de manera particular por uno de los integrantes de la esquina colombiana, el entrenador Raúl Ortiz.

La pelea terminó, todo se iba a las tarjetas. Después de un largo minuto de espera, el árbitro del pleito tomó la mano de Ingrit y la levantó, anunciando que era la ganadora y la primera boxeadora olímpica por Colombia. Primero Valencia se arrodilló y miró al cielo, acto seguido salió corriendo a su esquina lanzándose sobre su entrenador Ortiz, con lágrimas que no podían contenerse, un abrazo que muchos juzgaron como una muy buena relación entre entrenador y alumna, desconociendo que ese fuerte apretón tenía muchos más sentimientos camuflados.

El sueño olímpico de Ingrit nació en el 2010, el mismo año en el que se conoció con Raúl en la Liga de Boxeo de Tolima. Posteriormente en el 2011 ambos pasaron al combinado nacional, representando a Colombia en dos Juegos Panamericanos, unos Bolivarianos y otros Centroamericanos.
El tiempo juntos hizo que aquella lejana relación entre entrenador y alumna se convirtiera en una lazo más fuerte, una buena amistad.
“Fue muy bonito. Primero tuvimos una relación entrenador-alumna. Después comenzamos a conocernos como amigos, a conocer la clase de personas que éramos, tuvimos una buena afinidad y ahí empezó todo (risas)”, expresó Raúl.
Cuando Raúl se refiere a “todo” resume la relación amorosa que nació con Ingrit en el 2011, la cual duró dos años y seis meses. Posteriormente, Ortiz decidió llevarse a Ingrit a su hogar, en Ibagué, en donde viven juntos hasta la fecha.
“Es una mujer encantadora, alegre y linda, tiene todo lo que estaba buscando”, manifestó con una sonrisa en su cara el enamorado hombre.
Sin embargo, en esta relación no todo fue color de rosas. Muchas personas se opusieron radicalmente a esta unión. Primero, por el contexto en el que se desarrollaba. Y segundo, porque ambos tienen hijos con sus pasadas parejas, Raúl un niño de 5 años e Ingrit uno de 9 años, de quienes se debieron alejar un poco para cumplir el sueño olímpico.
“Mucha gente no estaba de acuerdo, pero no nos importó. Al inicio fue difícil porque teníamos que manejar las cosas con cautela, en secreto, porque no es común que se presente una relación entre una atleta y un entrenador. Pero lo supimos manejar”, dijo Raúl. “Es un esfuerzo grande. Ingrit ha tenido que alejarse por muchos meses de la formación y el crecimiento de su hijo, eso no es nada fácil”.
Ingrit también reconoció que uno de los momentos más difíciles en su vida deportiva es dejar solo a su hijo cuando se debe incorporar a una concentración.
“Me da mucha tristeza dejarlo, pero esto que hago es por él, para sacarlo adelante. Todo esto es el resultado del sacrificio de dejar a mi hijo solo, y de escuchar cuando él me recrimina por hacerlo”.
El sentimiento de Raúl es muy bien correspondido, pues Ingrit se declaró perdidamente enamorada.
“Él aparte de ser un buen entrenador es una persona muy compresiva, es talentoso, inteligente, un buen hombre”, manifestó Ingrit.
No obstante, esas cualidades de Raúl, han hecho que Ingrit libre la pelea más dura de su carrera contra un rival al que aún no ha podido noquear: los celos.
“A él se le acercan muchas mujeres, y no sólo boxeadoras sino chicas del común”, renegó la precavida dama. “Como toda mujer tengo mis momentos, soy muy celosa, pero siempre lo hablamos. Es un gran hombre y le tengo mucha confianza”.
A pesar de todas las dificultades, esta pareja ha sorteado los momentos difíciles y a la fecha ya se escuchan campanas de boda.
“He pensado en el matrimonio (risas). Sólo queda acordar la fecha”, reconoció Valencia.
Él un tolimense de 39 años, ella una vallecaucana de 27 años. Raúl Ortiz e Ingrit Valencia, una pareja olímpica que busca bañarse en oro.
Por: Jeffry Almarales Nieto – Foto: Marco Pérez / Mpsportmages.com
Tomado de: boxeodecolombia.com

 

Por ACLopez

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